|
|||||||||||||||||
|
La vivienda en el mundo: temas y contexto de trabajo de HICSe estima que 900 millones de habitantes urbanos y sobre un billón de personas rurales actualmente viven en habitaciones de baja calidad, en condiciones de hacinamiento, sin provisión adecuada de agua, sin saneamiento, desagüe o sistemas de alcantarillado. Mas de 1.2 billones de personas aun no tienen acceso a agua segura, y 2.4 billones no tienen servicios sanitarios adecuados . Las guerras, la ocupación, la discriminación, los proyectos de desarrollo, la privatización y las reformas económicas han desplazado a millones de personas de sus hogares y sus tierras. Existe la proyección que entre 1990 y 2020, el número global de habitantes en tugurios se quintuplicará, este es el periodo en que se deberían desarrollar las Metas de Desarrollo del Milenio, las que establecen como objetivo mejorar sustantivamente las condiciones de vida de cien millones de personas que habitan en tugurios. La privatización de la vivienda social y de los servicios públicos, así como la mayor escasez de servicios sociales, tierra y otros recursos bajo las restricciones de la globalización económica y de las políticas neoliberales, ha afectado a los grupos de más bajos ingresos en la mayor parte del mundo y ha generado nuevos tipos de inseguridad. Las políticas públicas en un mundo globalizado cada vez más tienden a reducir la vivienda a un artículo de intercambio comercial, y miden el valor de los asentamientos humanos en términos del mercado, excluyendo a cientos de millones de familias de bajos ingresos de las políticas, planes y programas habitacionales. Los Gobiernos tienen una capacidad limitada para influir en el mercado habitacional, y existe insuficiencia de vivienda de bajo-costo disponible para la venta o renta. Esta situación generalmente empeora en tiempos de recesión económica. Los sectores populares han desarrollado sus propias estrategias y mecanismos para solucionar sus necesidades vitales. Los grupos sociales están impulsando iniciativas innovadoras de auto-gestión, capaces de responder al complejo desafío de integración, de satisfacción de sus necesidades y de gestión de sus procesos productivos, culturales y de vivienda comunitaria. Los resultados más visibles de la lucha organizada por la tierra, la vivienda y los servicios básicos son hogares, complejos de vivienda y barrios populares, producidos y gestionados bajo el control directo de las organizaciones sociales y comunidades que allí viven. Para los pobres el problema de la vivienda no se resuelve con el aumento del número de viviendas en el mercado medido en términos de, por ejemplo, número de unidades o área de viviendas nuevas o por longitudes de cañerías. La lucha por la vivienda implica una estrategia económica y social de inserción en la ciudad o en el ambiente rural, y por lo tanto es una lucha contra la pobreza. También representa la construcción de una ciudadanía responsable e informada capaz de influenciar la conducción democrática de sus comunidades y ciudades. Las prácticas locales son testimonios del esfuerzo social y de la ciudadanía responsable y de la lucha contra la marginación, la segregación social y urbana, contra la desposesión y la apropiación por parte de los privados de los bienes de propiedad comunitaria. El esfuerzo propio de las personas por mejorar su hábitat no absuelve al Estado de sus obligaciones hacia los ciudadanos y residentes. Los Gobiernos tienen el deber de frenar de evicción forzada, la confiscación, la discriminación, la corrupción, la restricción de acceso a los servicios, la represión a los defensores de los derechos humanos, y otras violaciones. La Ley internacional y los compromisos de los gobiernos con los objetivos de desarrollo suscritos en las cumbres globales, incluyendo la Cumbre del Milenio y la Cumbre Mundial de Desarrollo Sustentable, reconocen el derecho a la vivienda adecuada y a la tierra. Aunque difícilmente se cumplan a cabalidad, estas obligaciones e instrumentos orientadores para los Estados y las sociedades fueron establecidos hace mucho tiempo y continúan siendo herramientas y puntos de referencia que deberían aplicarse a todos los aspectos del desarrollo. |
||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||