Vivienda socialmente producida y gestionada: una respuesta concreta a la COVID-19

¿Qué influencia tienen nuestra situación de vivienda y las relaciones con nuestro vecindario en nuestra capacidad individual y colectiva para hacer frente a los impactos sanitarios y económicos de la pandemia de COVID-19? UrbaMonde y We Effect realizaron un estudio sobre esta cuestión.

El año 2020 estuvo marcado por el nuevo coronavirus (COVID-19), con importantes consecuencias socioeconómicas para la mayoría de la población mundial. En todo el mundo, los gobiernos nacionales, regionales o locales y las organizaciones internacionales aconsejaron a la población confinarse, quedarse y trabajar en casa, reducir el contacto físico y las interacciones sociales, y limitar sus movimientos y actividad económica a “lo esencial”.

En agosto de 2020, We Effect encargó a urbaMonde un estudio global para evaluar las interrelaciones entre el tipo de vivienda y el grado en que lxs habitantes se ven afectadxs por la pandemia de COVID-19 (en términos de impactos sanitarios, sociales y económicos).

El estudio se basa en la hipótesis de que las iniciativas de vivienda socialmente producidas y gestionadas (cooperativas de viviendas, fideicomisos de tierras comunitarias, Co-Housing, comunidades intencionales y barrios con un fuerte sentido de la solidaridad y participación) permitieron a sus residentes organizar colectivamente autoayuda, defender sus derechos y evitar desalojos forzosos, así como desarrollar otros mecanismos de resiliencia en respuesta a la pérdida y reducción de ingresos relacionados con la pandemia de COVID-19.

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El estudio también está disponible en Inglés, en Francés y en Português: brasileiro HD – brasileiro ligero.

 


Conclusiones

A pesar de que la muestra de participantes es bastante pequeña y no representativa, permite observar las siguientes tendencias sobre la respuesta a la COVID-19. Las cooperativas de usuarios y fideicomisos de suelo, así como las iniciativas de “cohousing” de propiedad individual muestran importantes beneficios para sus habitantes en estos tiempos en comparación con las situaciones de vivienda irregular, la vivienda prestada o de alquiler y la propiedad individual estándar:

• Seguridad de la tenencia de la tierra: estos modelos ofrecen una mayor protección contra los desalojos, las ejecuciones hipotecarias o la necesidad de trasladarse a otro lugar, incluso si las personas pierden parte de sus ingresos (fondos de seguridad, devolución de créditos colectivos, devolución mensual proporcional a los ingresos, capacidad de negociación con los financiadores…).

• Generación de ingresos: es más probable que los grupos organizados anteriormente para el ahorro y la vivienda se reúnan para crear una actividad emergente de generación de ingresos para adaptarse a las pérdidas de empleo y a las crisis económicas (producción de jabón y máscaras, compra de alimentos a los vecinos).

• Actividades de solidaridad: lxs vecinxs se conocen entre sí (luchan juntos por la vivienda, participan en asambleas, comités y actividades…), conocen las situaciones de vulnerabilidad y pueden confiar y ayudarse fácilmente (enfermos, mayorxs, niñxs, desempleadxs, etc.).

• Juntxs contra el aislamiento: las actividades colectivas ayudan a reducir la carga de las tareas, especialmente en las mujeres, pero también ayudan emocional y psicológicamente a prevenir el aislamiento, la soledad, el estrés y la depresión.


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